Oración para romper maldiciones existentes

Oración para romper maldiciones existentes

En el nombre del Señor Jesucristo de Nazaret, y por el poder de su cruz, sangre y resurrección, asumo autoridad sobre todas las maldiciones, maleficios, hechizos, prácticas de vudú, brujerías, rituales satánicos, encantamientos y malos deseos dirigidos contra mí o que han sido transmitidos por la línea directa de mis antepasados. Por el poder de Jesucristo, el Señor resucitado, rompo toda influencia que estas maldiciones tengan sobre mi vida y les ordeno que regresen a sus fuentes de origen y sean substituidas por una bendición.

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Dedicaciones de exorcistas en la Iglesia

Dedicaciones de exorcistas

En los principios, el rito de exorcisar se lo trataba como uno de las carismas y se practicaba sin ningunas dedicaciones. La primera mención sobre el establecimiento formal de los exorcistas proviene de la letra del papa Cornelio (251-253) a Fabio, el obispo de Antioquía. La primera mención sobre el estatuto del exorcista en Este encontraremos en los documentos de Sínodo de Laodicea (ca. 360). El caso de las primeras dedicaciones entre las exorcistas fue tratado por Sínodo de Cartago (398). Sin embargo, no solo ellos ejercieron el ministerio de exorcista.

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Catecismo: Los exorcismos

¿Qué dice el catecismo sobre los exorcismos?

1673 Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó, de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar. En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia.

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Exorcismos entonces y ahora

Exorcismos - entonces y ahora

Como expulsar los espíritus malos, lo enseñaba Jesucristo a sus discípulos. Los exorcismos de Jesucristo tan como los hechos después, por los apóstoles entre los Judíos y paganos, habían llegado a ser famosos por su eficacia. El poder sobre los demonios es precisamente una confirmación de la veracidad de fe cristiana y, en mismo tiempo, una fruta de proclamar la Buena Nueva.

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